Las lejanías, 47

Madrid, 28 de noviembre de 2016:



Esta mañana he impartido la primera parte del taller de escritura creativa "Historias sin fronteras" en el Centro de Acogida Temporal de Inmigrantes San Blas, más conocido como Albergue de Simancas. Su dependencia, conveniada con el ayuntamiento de Madrid, recae en Cruz Roja.

Enciendo la vela que me acompaña en todos los talleres y empezamos el turno de presentaciones de "Historias sin fronteras". Los nueve participantes son de las procedencias más diversas: un argentino, una colombiana, un timorense, un portugués, un ecuatoriano, dos senegaleses, un nigeriano y un sierraleonés. Algunos llevan unos pocos meses en España, otros varios años, pero todos coinciden en su condición de indocumentados.

Resulta imposible mostrarse impasible ante sus historias. G., el participante timorense, recuerda cómo el país que soñó que iba a convertirse en su hogar le recibió la primera noche con un banco y unos pocos cartones en la estación de autobuses de Méndez Álvaro.

P. es senegalés y se gana la vida como mantero. Lo que más le sorprendió al llegar a Madrid, ya le habían hablado de ello en su país, fueron las luces de la Gran Vía. Negro como el tizón, se plantea en su relato si la inmigración vale la pena o no, que él considera que sí, y apostilla que sobre la discriminación no va a hablar, porque aunque España sea un país muy racista y él siga sufriendo un "acoso policial extremo", es algo que ya debería estar superado. Y de repente regresa a su timidez pétrea y no vuelve a hablar hasta que toca comentar el relato del participante argentino, y dice que le gusta "el uso de la metáfora, capital en la configuración del texto" de su compañero. Y es uno de los manteros que nos encontramos a diario en la Puerta del Sol o en la Gran Vía. ¡Qué mierda las fronteras!

Madrid, 1 de diciembre de 2016:

La última reunión con Javier G. Yagüe y Borja Ortiz de Gondra antes del estreno de Comedia fallida en el Festival Essencia de la Sala Cuarta Pared transcurre en un clima afable y plácido, con cierta contención acerca de las expectativas. Este proyecto ha supuesto una oportunidad única para encontrarme con creadores de generaciones próximas. Dudo que hubiéramos podido coincidir en un medio tan propicio y acogedor como ha sido éste del Espacio de Teatro Contemporáneo, tan aislados como acostumbramos a estar siempre con nuestros quehaceres y nuestros grupúsculos. Vamos, que confieso que esta Comedia fallida es un bonito regalo, y qué bonito es que el teatro te regale algo, con lo que cuesta.

Madrid, 5 de diciembre de 2016:

Segunda y última jornada de "Historias sin fronteras" en el Albergue de Simancas. En mitad del taller nos informan del fallecimiento de una de las inmigrantes allí hospedadas y, por petición de G., el participante timorense, guardamos un minuto de silencio. Qué difícil es sacudirse después ese nubarrón negro, todos la conocían, comentan que era tan alegre. A pesar de la mala nueva, los inmigrantes mantienen la compostura, qué bailes de dolor se darán a diario, no así los voluntarios, que recorren los pasillos del albergue devastados por la noticia.

M. de Portugal, a pesar de pertenecer al espacio de Schengen, critica ferozmente el consumismo europeo: "Hemos olvidado dar para poder recibir". Tampoco comulga con ninguna religión: "Creer en cualquier dios implica hacer su voluntad". P. de Senegal expone que "la finalidad de la buena inmigración es volver en el futuro al país de origen". La verdad en sus palabras es tal que nadie duda de su autenticidad. Siguen su ejemplo el resto de los compañeros y cada uno de ellos relata cómo les gustaría concluir su viaje y mientras hablan y escriben yo no puedo dejar de pensar que son valientes porque valiente es perseguir un sueño; son valientes porque saben que nadie va a construirles sus casas; son valientes porque luchan día a día, sea por quedarse o para regresar; y son valientes porque puede que su esperanza viva aún más lejos de lo que creen pero ellos son capaces de atravesar fronteras que otros nunca se atreverán.
 
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