Cara Be: La senyora Florentina i el seu amor Homer del Teatre Nacional de Catalunya

LA SENYORA FLORENTINA I EL SEU AMOR HOMER: De paseo por los jardines póstumos de Mercè Rodoreda



Según el lenguaje de las flores, los gladiolos rinden homenaje con su presencia a aquellos seres queridos que ya no nos acompañan. También dan forma y color a la tristeza provocada por su ausencia, y alaba la entereza y la dignidad de los que permanecen. Quizás por este motivo a Mercè Rodoreda, que no se le escapaba absolutamente nada acerca del mundo de las flores, quiso titular esta obra La casa dels gladiols, aunque finalmente se inclinara por un título no muy alejado del universo de los jardines tal como se vislumbra en el nombre propio de la protagonista de La senyora Florentina i el seu amor Homer –por cierto, éste otro nombre propio, el del hombre, cargado de simbolismo y premoniciones: el que no ve, el hijo de rehenes, de quien no puedes fiarte–.

Esta minúscula muestra de la sutilidad de Rodoreda que ya se anuncia en el título se reparte a espuertas por toda el texto, convirtiéndolo en un jardín de mujeres y metáforas que alzan el vuelo hacia los vértices más poéticos de la literatura precisamente en los monólogos de ellas, escuetos enclaves comprimidos por el ritmo de la comedia que saben a poco conociendo la extraordinaria sensibilidad de esta autora. Sin embargo, la decisión de la dirección de Sergi Belbel hacia un ritmo trepidante y la cotidianidad más fútil se convierte en una sabia elección ante un texto excesivo en duración y con influencias novelísticas más que teatrales, aunque en el último acto se vea forzada por la intervención final de Homer, que frena y dramatiza todo lo que antes se evitó frenar y dramatizar.

Ahí están las constantes en la obra de Rodoreda: las manos vacías, los niños muertos, la mujer y la muerte, la prisión de las formas y de la burguesía, y también la belleza en los actos más habituales, aunque se echan en falta los santuarios de las mujeres de su narrativa, esos espacios de intimidad y reflexión donde ellas pretendían contener la vida por unos instantes en unas manos tan blancas como la leche. En cambio, en La senyora Florentina i el seu amor Homer, estas mujeres escritas por una Rodoreda tardía, de 65 años, se hallan expuestas a la intemperie y a los hombres y no les queda otra opción que poner la mejor de sus sonrisas y tirar adelante, a ver con qué topan. Su parte más íntima y dolorosa como escritora la reservaría en esa etapa para Mirall trencat, a punto de emerger de su escritorio –lo haría un año después de la escritura de la obra teatral, en 1973–, algo que nunca lograría en vida La senyora Florentina i el seu amor Homer, texto póstumo que no vería la luz hasta 1993, diez años después de la muerte de su autora.



En el espectáculo del Teatre Nacional de Catalunya, la espera que sobrecoge al personaje de Florentina, interpretado por Mercè Samprieto, se ve acicateada a diario por las apabullantes vecinas que representan el verdadero color de la obra, tres mujeres interpretadas soberbiamente por Carme Callol, Margarida Minguillón y Teresa Urroz, quienes exponen sin tapujos sus diferencias con los hombres en la sociedad acomodada de la Barcelona de principios del siglo XX. Completa esta talentosa paleta de colores la irrupción de una nueva criada, ceceante, de estrato bajo y demás ingredientes para convertirse en un bufón femenino que lanza verdades como puños con la más cándida de las sonrisas. Este personaje lo calza como un guante Elisabet Casanovas.



Para concluir, decir que La senyora Florentina i el seu amor Homer es un espectáculo muy recomendable para todas las edades del Teatre Nacional de Catalunya, al cual sólo cabría animarle, como a otros teatros públicos, a capacitar a las producciones desde el principio para su vida en gira, muy a pesar de los tiempos que corren y lo complicados que están los bolos, sí, lo sé, pero quién mejor que el teatro público para empeñarse en llegar a todos los escenarios de su país, o su estado, lo que prefieran. En ambos casos, creo que el territorio al que nos referimos es amplio y con público que ama el teatro.

Visto en el Teatre Nacional de Catalunya (Barcelona) el miércoles 8 de marzo de 2017
Más información en la página del teatro

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