Cara Be: Contra la democracia o la obligación de acudir al teatro



Esteve Soler nos tutea desde la víscera, nada de espejos ni artefactos. Con educación, sin proselitismo, con una experiencia adquirida en la contemplación omnisciente y las reflexiones intensas, carentes de cualquier demagogia, así habla Soler con el público, desde la esencia del drama donde, por cierto, convive también el correspondiente humor. Sin ambages, considero que cualquier montaje de Soler hay que verlo: sus palabras trascienden nuestro tiempo, pues su obra nos superará en décadas de vida y nuestras oportunidades de disfrutarlas serán contadas, no así los montajes que esperan a sus textos. Así que no os lo penséis dos veces.

Su literatura no es invasiva, comprobareis que es amiga y de las de verdad, de las que están dispuestas a decirte las cosas a la cara y permanecer con una sonrisa gentil mientras espera a que tú decidas si ha dado en el clavo o prefieres mirar hacia otro lado, y así la ofrece el montaje dirigido por Antonio C. Guijosa, cautivador y priorizando el contenido a la forma, sin buscar la satisfacción del público, sin dejar de recordarnos dónde nos encontramos, en este grand absurde!, y eso que Soler no es fácil de dirigir, pues sus dramaturgias requieren un riguroso trabajo conceptual de premisas paralelas, siempre complementarias pero nunca solapadas, tan exhaustivo como atractivo para los directores más arriesgados. El hallazgo del hilo conductor en forma de urna, el mejor símbolo del ardid de la democracia, o del ataúd de esta, nos abre las puertas a un universo surrealista encabezado por el arte replicado de Louise Bourgeois, la mejor escultora de vanguardia en palabras de Fernando Arrabal.

Soler no deja títere con cabeza, Guijosa orquesta la escabechina y los actores son sus verdugos. Gabriel Moreno tinta de un realismo absoluto todas sus intervenciones sin necesidad de aderezos ni efectismos, entra pisando el escenario con la verdad bien adentro y lo abandona entregándonosla, a nuestra disposición, para que vislumbremos a través de ella los hilos y destellos entrelazados de la escena que ya concluye y se oscurece. Memé Tabares se desenvuelve con igual maestría y naturalidad que Moreno, convirtiéndose en una partenaire precisa, ideal, en las escenas que comparten. José Vicente Moirón, a su vez, exhibe una gran energía y disfruta del sarcasmo de sus papeles y la complicidad con el público. Marina Recio, con una presencia escénica más reducida, fluye también con frescura y dinamismo por las diferentes escenas.

Bravissimo por esta nueva apuesta de Teatro del Noctámbulo, que prescinde de las modas de las autorías y sigue fiel a su estilo con una coherencia inusitada, sabiendo en cada momento lo que quieren decir y aplicando todo su talento, esfuerzo y técnica en ello.



Visto en el Teatro Galileo (Madrid) el jueves 14 de septiembre de 2017
Más información en la página del teatro

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