Llueven vacas: Las miserias del maltratador español hechas película

LLUEVEN VACAS, LAS MISERIAS DEL MALTRATADOR ESPAÑOL HECHAS PELÍCULA por Noelia Ramírez - El País (25 de noviembre de 2017)

Maribel Verdú, María Barranco, Laia Marull, Eduardo Noriega y otras estrellas del cine español actúan gratis en la desgarradora cinta que evidencia la normalización de las relaciones abusivas. Toda la recaudación se destinará a una organización de asistencia a las víctimas sin recursos. 



“Pareces una puta”. “Eres tonta”. “A veces me pregunto qué vería en ti”. “Bastante tengo con aguantarte”. “Para qué me casaría contigo”. Puede que a Laia Marull aquí ni la apalicen ni se orine encima aterrorizada como la Pilar de Te doy mis ojos (Icíar Bollaín, 2003), pero a su Margarita de Llueven vacas (Fran Arráez, 2017) también la ningunean, menosprecian y le aplican un angustioso luz de gas sin descanso. Como si de un eterno retorno se tratara, Marull sirve de nexo simbólico entre dos mujeres del celuloide muy distintas, pero igual de atrapadas y desposeídas de poder en una relación de maltrato. Han pasado casi quince años desde que la catalana le dedicase su Goya “a todas las Pilares de España” y aquí está de nuevo, poniéndose en la piel de otra mujer abusada para probar que nada cambia en las dinámicas de sumisión y control en la violencia de género. Lo hace en Llueven vacas, la película que se estrena el próximo 7 de diciembre en salas y en la que ni ella ni nadie –desde el director al iluminador, pasando por un abrumador elenco actoral– ha cobrado un duro. Tampoco lo verán por mucho que recaude en taquilla. Todos sus ingresos irán destinados la Fundación Themis de mujeres juristas para asistir judicial y legalmente a las víctimas de violencia de género sin recursos.

Marull no es la única Margarita de la cinta. Son seis actrices –Maribel Verdú, Gloria Muñoz, María Barranco, Mónica Regueiro y Gemma Charines– las que se ponen en la piel de este personaje basado en el texto original de Carlos Be que publicó la editorial Arola en 2008 y en el que se narra la claustrofóbica, cruda y fatalista historia de Margarita y Fernando (en la película también hay seis hombres interpretando al maltratador: Victor Clavijo, Secun de La Rosa, Pedro Miguel Martínez, Asier Etxeandía, Sergio Peris-Mencheta y Eduardo Noriega). Fernando manda y Margarita obedece. Tanto, que hasta la realidad se alterará si a este se le antoja. ¿Podrían llover vacas? Si lo dice Fernando, sí. A borbotones. Las consecuencias de esta violencia psicológica en una relación de sometimiento les llevarán a un catártico final.

Estructurada en seis partes con una narrativa y estética teatral en la que estos actores se ponen en la piel de la pareja en distintos momentos de su relación, la película, que cuenta con el sello del Ministerio de Sanidad, busca con este casting diverso “demostrar que no hay un perfil definido, ni edad, ni aspecto, entre maltratador y víctima”. Lo explica al teléfono Fran Arráez, director, que firma aquí su ópera prima cinematográfica tras pasar casi toda su vida en el mundo del teatro como actor y productor en ProduccionesOff. “He sido feminista desde siempre, la lucha por la igualdad no debe ser solo una cosa de mujeres”, apunta. Junto a Mónica Regueiro, productora de la cinta, decidieron adaptar la crudeza de esta obra “porque queríamos contar que el maltrato no es solo la violencia física en sí, queríamos mostrar qué sucede para que ésta llegue y hasta qué punto puede llegar. Si en una violación sin lazos afectivos el sentimiento de culpa de la víctima sigue existiendo durante mucho tiempo, imagina en una relación de pareja. Queríamos desentramar los mecanismos que llevan a la dependencia y anulación de la mujer”.

Activista del movimiento He For She en España, Arráez aclara desde el principio la elevada cuota femenina de la cinta: “Yo dirijo y está basada en un texto escrito por un hombre, pero la película está hecha mayoritariamente por mujeres sin las que no hubiese sido posible, tanto en los puestos de ayudantes de dirección, dirección de fotografía o de distribución, por ejemplo. El equipo es eminentemente femenino y tiene un sentido que sea así”. Tanto él como Regueiro se plantearon adaptar el texto en su hábitat natural, el teatro, para después pensar en una webserie, pero decidieron decantarse por una película tras comprobar que las partes funcionaban mucho mejor juntas por separado. La simbología estética también es muy significativa. El vestuario está inspirado “en esas amas de casa siempre perfectas de los años 50 de los anuncios de Coca-Cola o los inicios de Mad Men, mujeres que vivían recluidas en su hogar con una sumisión y una esclavitud pintada de colorines”. El decorado es una casa que combina elementos de los años 50 y 60 con piezas de diseño artístico contemporáneo, para desposeer de una época determinada a la cinta. Coral, la amante de Fernando interpretada por Carmen Mayordomo, combina una estética de los 50 con tatuajes a la vista para acentuar aún más este anacronismo temporal.

Fue Maribel Verdú la que abrió las puertas a que en este proyecto se hayan involucrado altruistamente parte de la plana mayor de la interpretación española. “Conocía a Maribel del teatro, se leyó el texto porque me lo pidió prestado tras verme leyéndolo en un rodaje en el que yo ayudaba a unos actores italianos con la dicción. Pasó un tiempo y un día, tomando unas cervezas, le dije que iba a dirigirlo y me dijo ‘venga, pues lo hago’. Le estaré eternamente agradecido”, cuenta Arráez, abrumado por cómo se ha involucrado todo el equipo. “En total han participado unos treinta profesionales de forma totalmente desinteresada, profesionales que han trabajado con Milos Forman o Daniel Calparsoro. La casa en la que rodamos es el estudio de Kike Keller en Madrid, junto al Teatro Lara, que nos lo cedió gratis”.

Tras pasar por varios festivales, entre ellos el de Málaga, la cinta ya cuenta con varias inclusiones en la lista de candidatos a nominaciones de los Goya –se anunciarán el día 13–. En ella está Gemma Charines, en como actriz revelación. A sus 50 años y tras pasar media vida en el teatro, Charines –que cierra la película junto a Eduardo Noriega–, se estrena en el cine y se siente “emocionada” y “agradecida” por esta distinción de la Academia. Su conexión con el personaje fue crucial. “He sufrido maltrato psicológico y fue justo en el momento que estábamos rodando, ahí me di cuenta lo que me estaba pasando y lo podía extrapolar a mi vida”, apunta.

El director certifica que cada Margarita lo vivió de forma distinta. “A cada una le preguntaba ‘¿Llueven vacas?’. Maribel me dijo ‘No, es imposible’. Cuando le dije que por qué entonces su personaje decía que sí, ella me contestó: ‘Por miedo a que me haga daño’. Laia Marull estaba convencida que sí que podían llover vacas porque ‘el amor nos puede hacer que psicológicamente creamos en algo imposible”. Y ahí es donde el director señala el tóxico legado del mito del amor romántico. “Tenemos tan asimiladas la sumisión y el amor incondicional por culpa de todas esas películas y canciones con las que nos hemos criado que ya va siendo hora de remediarlo”. Su película lo intentará, con una fórmula poco convencional pero con la voluntad de salir de “esa anestesia que España tiene frente a la violencia de género. Estamos tan acostumbrados a las cifras y los números de asesinadas que parece que no nos afecte. Quizá se pueda conseguir con la poesía y el teatro”.

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