Malas hierbas: 'Una chaladuría cercana a la de Jardiel Poncela o Miguel Mihura'

MALAS HIERBAS por Enric Archivell - Memorias de un tiquis miquis (9 de enero de 2018)



Aparte de ser uno de sus autores más estimulantes, Carlos Be es también uno de los más sorprendentes del panorama teatral actual. Cambia de registro como quien cambia de calcetines y sin embargo hay un toque, una huella personal en sus trabajos. En sus palabras, "ahora toca comedia". Y lo hace con una adaptación (el dice que libérrima, nosotros creemos que bastante fiel a lo esencial, la denuncia de la hipocresía) de un texto de Joaquín Calvo Sotelo.

La muralla fue un texto muy significativo del franquismo por varias razones que se explican en la web del Lara. Digamos que fue la obra más aclamada de su autor, que estuvo veinte años en cartel, y que pese al tufillo moralista seguramente obligado por la ética nacional-católica imperante, trató un tema (el de los vencedores y vencidos) con una cierta crítica social. En ella un militar salva la vida a un notario en la guerra civil a cambio de que le entregue todas sus posesiones inmobiliarias. Bastantes años más tarde, el militar se arrepiente al saber que su muerte está próxima y planea devolverlo todo a los herederos del notario para salvar su alma. "La muralla" para hacerlo será su propia familia (esposa, hijos...), que no querrán renunciar a su estatus. Se llegó a hacer una película, y se habló de un cierto efecto catártico de este trabajo en la sociedad al darse casos de restituciones de cantidades significativas de dinero después de asistir al visionado del film o a la representación de la obra de teatro.

Carlos Be le da la vuelta y los personajes hablan con una chaladuría cercana a la de Jardiel Poncela o Miguel Mihura, pasando del melodrama a la comedia. El protagonista (Joan Bentallé, muy arquetípico, pero con evolución a lo largo de la obra: qué gran trabajo) podría ser un empresario cualquiera de los que van saliendo estos días en la prensa y la muralla la forman su esposa (Carmen Mayordomo: excesiva en la medida que su papel lo reclama: bravísima) y su amante (Lidia Navarro: otra inconmensurable actriz que casi sin hablar nos dice todo lo que le va a pasar: qué gran bagaje pese a su juventud).



La escenografía, que firma Asier Sancho, tiene un aire atemporal a lo Mad Men, pero en el que no chirrían ni los teléfonos móviles, ni los cuadros de nudos marinos, ni la música tan bien escogida.

Es una maravilla y una manera muy especial de empezar el año.

*   *   *

Más información y reservas en la página del Teatro Lara

¿Quieres compartirlo?

0 Comentarios