Llueven vacas: 'Nos grita ¡abre tus ojos! y contempla lo que te rodea aunque esté oculto o prefieras ignorarlo'

LLUEVEN VACAS - El lobo estepario (18 de mayo de 2018)

Una mirada particular sobre un hogar donde el maltrato psicológico, no físico, nos golpea desde el principio, desde las primeras frases aparentemente corrientes. Una historia cargada de apariencias, con algún toque de locura que sorprende. Unos actores que dejan su piel y la nuestra en el escenario

Carlos Be es un maestro en crear atmósferas que producen inquietud, partir de una situación de aparente cotidianidad para mostrarnos el lado oscuro del ser humano que convive en nuestro entorno. El realismo de su dramaturgia lo dinamita en algún punto, aquí desde el inicio, desde la primera conversación, para sorprendernos, atraparnos todavía más en la violencia que existe en muchas relaciones humanas.

Fernando y Margarita viven en una casa en el campo. Fernando le dice a su mujer que llueven vacas y ella quiere salir a ver este acontecimiento. Fernando, con aparente sobreprotección, se preocupa por lo peligroso que puede ser, le recuerda que debe apoyarse, que le falta una pierna... ella parece que tiene problemas de memoria, ella sigue fielmente las indicaciones de su marido. Fernando es un tipo de aspecto franco, paciente (aunque se puede cansar a veces de la ineptitud de su mujer), alegre, algo brutote. Margarita tiene en su rostro, en sus movimientos, el sello de una mujer infeliz, que idolatra a su marido, que se aprecia poco... La rutina de sus vidas cambiará cuando aparezca otra mujer en su hogar, Coral.

La aparición de Coral, en la segunda mitad de la obra, supone un cambio argumental y una ruptura del ritmo íntimo y claustrofóbico de la primera parte, esa convivencia de pareja saturada. La frescura de este personaje interpretado por Carmen Mayordomo, su temperamento, verborrea, incluso su atuendo, produce un contraste, una frescura que, con el desarrollo de la obra, también sufrirá un cambio...

Carlos Be sabe manejar las emociones del espectador, no permite que demos por hecho nada, evita nuestra comodidad, incluso la que surge por rutina de lo incómodo. No es un artificio, es un revulsivo de la pasividad del espectador, buscar una continua reflexión. En ocasiones, no lo puede evitar, hay toques de locura, irracionales e incluso a veces divertidos. Hay un magnífico equilibrio para evitar el dramón, el discurso. Hay una historia con personajes que viven una dura realidad pero con su propia lógica, que no tiene que ser la convencional.

Esta obra se enriquece con tres actores bestiales. Su interpretación se convierte en puro realismo, nos obligan a ser auténticos voyeurs. Pasan de la comedia que ahora están interpretando, Malas hierbas (también de Carlos Be) a estos personajes opuestos, diferentes, como si fuera lo más sencillo del mundo. Lidia Navarro en cada gesto de cara, manos, cuerpo, nos hace respirar su personaje. Joan Bentallé perfila el perfecto tipo normal, simpaticote, evitando el rechazo que podría surgir de su personaje desde el inicio. Carmen Mayordomo... ¡qué gran actriz! no añado nada más.

La música disonante, la pared del fondo, los cuatro elementos de escena, consiguen reforzar la atmósfera inhóspita de este hogar.

Sin destripar nada del argumento, hay en la función un elemento que no termina de funcionar: la actitud de Coral hacia Margarita y la rápida evolución de este personaje, casi sin recorrido psicológico.

Llueven vacas es otra de sus obras que nos grita ¡abre tus ojos! y contempla lo que te rodea aunque esté oculto o prefieras ignorarlo.

Sin duda debe tener un amplio recorrido en escena.

No dejará a nadie indiferente. Es un regalo con sabor amargo.

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