Llueven vacas: 'Una manera diferente y completamente atípica de tratar el tema del maltrato sin caer en los tópicos'

LLUEVEN VACAS: UNA HUELLA DOLOROSA PERO LLENA DE EXTRAÑA POESÍA por Miguel Gabaldón - Notodo (18 de mayo de 2018)



Fernando le dice a Margarita que llueven vacas. Y ella se lo cree. Fernando no pega a Margarita. Pero es que no le hace falta. Llueven vacas es un largamente acariciado proyecto del siempre retorcido (y siempre esto dicho desde el buen sentido del término) Carlos Be. Un texto que, incluso antes de vivir este estreno teatral vivió uno cinematográfico dirigido por Fran Arráez y protagonizado por pesos pesados de nuestro cine como Maribel Verdú y María Barranco. El caso, que ahora por fin ha visto la luz en escena en la Cuarta Pared dentro del marco de Surge Madrid. Llueven vacas, duelen y resulta tan impactante esta tormenta como también repleta de un particular lirismo. Esta vez, Carlos Be nos propina un poético puñetazo. Pero puñetazo al fin y al cabo.

Lidia Navarro, Joan Bentallé y Carmen Mayordomo acompañan a Be en esta aventura, este descenso a los abismos de la violencia de género y el maltrato psicológico. Una apuesta arriesgadísima, en cuanto que Carlos Be huye del realismo para (como ya hizo con Peceras, otro montaje que tocaba el tema de la violencia de género de una manera absolutamente original, aunque aquí estamos en otro registro diametralmente opuesto) generar una poética propia en torno a esta relación de dependencia absoluta. Absolutamente estremecedora. Y hermosa a la par. Lo que resulta todavía más escalofriante (y el gran logro de la función, el conseguir por momentos emocionarnos con algo que no debería hacerlo).

Lidia Navarro interpreta a Margarita con una ternura, desvalimiento y delicadeza maravillosos. Su personaje (como todos los de esta función) es complejo, puesto que resulta difícil entender cómo puede continuar ella con un hombre así (aunque la realidad siempre supera la ficción). Pero, así y con todas, resulta perfectamente entendible dentro de la propuesta, gracias también a su sensible trabajo.

Joan Bentallé, por su parte, interpreta con seguridad y una presencia excepcional al marido maltratador, un personaje también interesantísimo y por el cual, por momentos, se puede llegar a sentir atracción, cayendo, como Margarita, en su telaraña y haciendo parte al espectador del juego. Y Carmen Mayordomo aparece ya avanzada la función en un personaje, Coral, fascinante y complejísimo también, que no por ser más breve resulta menos potente. Ya que presenta la evolución más sorprendente y Mayordomo lo defiende como pocas actrices en este país podrían hacerlo. Los tres personajes han encontrado la horma de su zapato.

Carlos Be además ha puesto en pie una función más ambiciosa y madura estéticamente en cuanto a puesta en escena que en sus montajes anteriores (propiciado además por encontrar un espacio más amplio y además ideal para ello como la Cuarta Pared), que evoluciona y va creciendo mientras avanza la función hasta crear una imagen realmente hermosa y amarga.

Llueven vacas deja una profunda huella en el espectador. Una huella dolorosa pero llena de extraña poesía también. Una manera diferente y completamente atípica de tratar el tema del maltrato sin caer en los tópicos, necesaria y valiente, que sumerge al espectador por completo en esta desgarradora historia.

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