Prólogo a Llegó a mí como un colibrí de Marina Carbonero

Marina
Prólogo a Llegó a mí como un colibrí de Marina Carbonero

Marina
entró en mi vida
o, quizás, entré yo en la suya.
¿Quién es el que entra en la vida de quién? ¿Tal vez no sería mejor decir decir que nuestras vidas se abrieron la una a la otra, se abrieron entre sí? Porque si algo describe a Marina es su vida, su vitalidad, y eso es lo que me aportó: más vida, más vitalidad.
Y qué hay mejor que te traigan vida.
Dicen que la vida cobra mayor intensidad cuando rozas el abismo con los talones de tus pies. Eso dicen, eso he oído, yo aún no lo he vivido. Sí sé que el abismo de Llegó a mí como un colibrí no es lo primero que nos imaginamos, no: es un campo de flores cuya extensión no alcanza la vista y también una lección que te enseña desde la vida pero también desde la muerte, sin tabús, porque la asunción de esta implica la exaltación de aquella.
Y Marina vuela ahora mismo feliz sobre ese campo de flores.
Marina me ha enseñado, sí, y me ha enseñado mucho, y yo me siento muy feliz de participar como un sencillo palafrenero que se dedica a sostener las riendas de un pegaso de luz. Ella dice que es colibrí, pero yo a ella la conocí a lomos de un pegaso. En cualquier caso, colibrí o pegaso, se trata de un ser de luz, porque luz es Marina y luz es lo que despide y regala con su sonrisa.
Quiero terminar siendo muy sincero: me siento muy feliz de haber participado en este libro que todos deberíamos escribir, el libro de una vida. En estas páginas habita parte de esa luz de Marina y la quiere compartir con vosotros. Ella tiene la palabra.
He aquí un legado.

Carlos Be

Primera edición de Llegó a mí como un colibrí de Marina Carbonero
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