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Cara Be: Auto de los inocentes o un patíbulo con la forma de Europa

Los inocentes son los únicos que llevan la esperanza en su voz, pero enmudecen en su trágica odisea hacia la libertad. Auto de los inocentes nos acusa abiertamente como europeos, no existe presunción de inocencia en el siglo XXI.



Una familia siria, devastada por la guerra, llega a un campo de refugiados español para descubrir que su presencia allí no es más que el efecto colateral de unas decisiones que nadie pretende tratar, puesto que el tratamiento en sí son las susodichas decisiones o, dicho en plata, la guerra. Durante su estancia en el campo de refugiados, un educador social les adoctrina a través de la literatura clásica castellana sobre los valores de los que Europa adolece y también sobre los vicios en los que incurre.

Gracias a una épica prosopopeya de la dramaturgia, firmada a cuatro manos por Pedro Víllora y José Carlos Plaza, Europa se erige ante estos malhallados trasuntos de Ulises del siglo XXI como un despiadado Herodes que decapita el mensaje de cualquier héroe en cuanto pisan sus playas o saltan las verjas. "No hay voluntad", profiere el burócrata cuando se le insta a que Europa detenga la proliferación ininterrumpida de fronteras, vallas y alambre de espino. "No hay voluntad".

Encomiable la labra de orfebrería de los textos clásicos dentro de una trama de rugiente vigencia por parte de los autores, y la transfiguración que agita la escena cuando llega el turno de lo antiguo y se invoca el acto teatral elevando lo cotidiano del campo de refugiados a la altura de los mitos. Solamente anotar que la escenografía lastra la imaginación y resulta un tanto desafortunada, descargando la totalidad de la responsabilidad escénica en la dirección, el texto y también la interpretación de los intérpretes, entre los que destacan una matizada María Heredia, un enérgico Israel Frías y la aplomada doctora interpretada por Pepa Gracia en un trabajo coral muy equilibrado.

Auto de los inocentes concluye como una terrible distopía donde el inocente no tiene nada que decir y las fronteras europeas se han cerrado para siempre. Una reflexión sin demagogia ni moralejas que pretende reflejar con dureza cuasi objetiva un futuro tan próximo como desagradable en el cual el Herodes de Auto de los Reyes Magos ríe a carcajadas sobre un patíbulo con la forma de Europa, y se ríe de aquellos pocos que, a pesar de considerarse muchos, nunca serán suficientes para cambiar nada.

Visto en el Teatro de la Comedia (Madrid) el domingo 23 de septiembre de 2018
Más información en la página del teatro

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