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Cara Be: Monta al toro blanco o esta Europa nuestra a la deriva

Seguimos en Europa, donde no existe lo único sino el suceso. Por ello, cualquier esperanza queda arrasada por el sarcasmo; y las singularidades, condenadas al terrorismo.

Mientras los migrantes sueñan con Europa, Europa se ha convertido en una región a la deriva para los europeos, que permanecen a flote "abrazando a nada". Los clichés, los prejuicios y todo aquello permitido -o tolerado- por la economía comunitaria enraízan en una población que, carente de referentes libres de manipulaciones, termina por pudrirse, plagando el continente con una fauna anónima que apenas poseen nombre de pila y con quienes resulta muy difícil comulgar: parejas disfóricas, psicópatas xenófobos, exmaridos asesinos...

En este su espectáculo más reciente, Íñigo Guardamino vuelve a presentar una sucesión de cuadros de distintas intensidades y extensión que se entreveran sin orden aparente para epatar a un espectador preocupado por la actualidad del país y europea. La dramaturgia de este autor presume de una intencionalidad cercana a la de Esteve Soler en sus heptalogías e imprime a las noticias una media sonrisa socarrona o un giro extra que no pretende superar una realidad ya de por sí pasada de vueltas, sino acercárnosla desde un punto de vista diferente al habitual.

No existe lo único sino el suceso, decía, y Guardamino nos presenta a Europa como una inabarcable concatenación de sucesos donde no se nos permite simpatizar con los protagonistas. Así mismo, como en Auto de los inocentes, reaparece la ablación como monólogo de dolor en boca de una mujer, en este caso interpretado por Sara Moraleda. Y como en susodicha obra, una vez más son los inocentes quienes tendrían tanto que decir y callan o son acallados; todo ello contemplado por la mítica Europa y un toro blanco que es Zeus, quien no puede más que entristecerse.

Las actuaciones de los cuatro intérpretes, Sara Moraleda, Rodrigo Sáenz de Heredia, Fernando Sainz de Maza y Gemma Solé, cumplen con creces las expectativas aunque, como en todo suceso, nos recuerdan que más que personajes interpretan hechos; en este caso, palabras convertidas en hechos. Como anotación al margen, comentar que el ambigú del teatro es un espacio con el que hay que lidiar y, a pesar de los talentos del iluminador Pedro Guerrero y del escenógrafo Alessio Meloni, hay momentos en los que la plástica y las acciones se resienten y se subyugan ante un texto urgente, prioritario e imponderable.

Visto en El Pavón Teatro Kamikaze (Madrid) el viernes 21 de septiembre de 2018
Más información en la página del teatro

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