Las lejanías, 52

En algún lugar entre Madrid y Ocaña, 22 de septiembre de 2018:

Este fin de semana se celebran en Ocaña dos importantes acontecimientos. Por un lado, el estreno en España de A Margarita en el Teatro Lope de Vega. Por el otro, el campeonato interterritorial de la asociación española de jugadores veteranos de tenis de mesa... o ping-pong, vamos. Así que allá vamos en tren, atravesando más por La Mancha que por Castilla, rodeados a diestro y siniestro por deportistas armados con paletas y diminutas pelotas de plástico que rebotan sin cesar por todo el vagón.

A Margarita es una obra muy especial. Sin lugar a dudas, este sábado se convertirá una fecha señalada en nuestros recuerdos, y digo nuestros porque comparto mesa en el tren con Joan, Livina... y un inquieto jugador de ping-pong anónimo que nos tiene fritos con las pelotitas de marras. La producción primera de esta obra, estrenada este abril en Praga, sigue en cartelera agotando entradas función tras función. Ahora mismo solo quedan entradas libres para las funciones a partir de noviembre.

Por cierto, me contaron en Praga, capital muy prolija en torneos de ping-pong y no solo centroeuropeos sino también de colectivos migrantes asiáticos, que se conoce que los jugadores de este deporte constituyen un colectivo sexualmente muy activo, así que a ver cómo acabamos esta noche a la salida del teatro. También es cierto que a los checos les gustan mucho las historias y, como toda buena historia, la mitad es falsa y la mitad es cierta.

Para quienes os preguntéis el motivo del estreno en Ocaña, la respuesta es bien sencilla. Sara Moros, la actriz protagonista del monólogo y amiga, procede de este pueblo que yo, ignorante de mí y víctima habitual de tantos lapsus linguae, creía injustificadamente que era también el pueblo natal de José Pérez Ocaña, pero no, José Pérez Ocaña nació en Cantillana, Sevilla, a apenas cuatrocientos kilómetros al suroeste. Sara lleva en capilla en el Teatro Lope de Vega de Ocaña toda la semana junto con Sandra Dominique, la directora, y muchas otras mujeres que se han sumado a este periplo. ¡Qué ganas de estreno!



Un tercer e inesperado acontecimiento nos espera al descender del tren: los preparativos de las fiestas de Jesús de Cuevas, que incluyen misa, procesión, rondalla y fuegos artificiales. Tenemos algo de tiempo libre antes del estreno y nos acercamos a la Fuente Grande, un lavadero descomunal del siglo XVI que se encuentra en bastante mal estado de conservación. Muy cerca está la Fuente Chica, dicen que de la época romana, y la capilla de Jesús de Cuevas, engalanado el techo con guirnaldas de flores de plástico que acaban de disponer una cuadrilla de jóvenes mientras fuman, ríen y encienden los primeros cohetes voladores de la noche. Un anciano cargado con un saco enorme nos ofrece cacahuesas, se lo agradecemos pero optamos por un refresco que nos sirve una niña de unos siete años en un tenderete un poco más abajo de la ermita. Se me ocurre, inocente de mí, pedirle hielo porque el calor de tarde en La Mancha es notable, y la visión de la nevera al abrir la compuerta con todos aquellos cubitos flotando entre trozos de lomo embuchado consigue que me retracte de mis intenciones y me alejo discretamente con mi refresco hacia una mujer de pelo corto y blanco que toca la guitarra a la sombra del zaguán. "La rondalla", me indica el abuelo de las cacachuesas. 

Ah, hoy se inaugura en Madrid la nueva sede de Teatro Réplika, qué lástima no poder estar pero aún no he conseguido bilocarme todo lo que quisiera. Me lo contó Mikolaj Bielski, una persona muy especial y digo especial en el mejor de los sentidos y con la mejor de las intenciones. Volvía yo de la concentración en el Teatro del Barrio por la detención de Willy Toledo -la verdad es que me quedé en las puertas del teatro, porque la convocatoria fue un éxito y se llenó de allegados y medios- y me crucé con Mikolaj enfrente del Cine Doré. La nueva sede de Réplika está muy cerca de la antigua, en la calle Explanada, 14. Tengo la visita pendiente, le prometo.

Ocaña, 23 de septiembre de 2018:

A esta foto solo podemos titularla radiante directora y radiante autor después del estreno de A Margarita a manos de una Sara Moros que se come el escenario, el alma y los corazones. Preparaos para su llegada a Madrid.



Madrid, 24 de septiembre de 2018:

A veces, leyendo declaraciones de presuntos colegas, me llevo las manos a la cabeza. La autoría actual carece de perspectiva y el que crea que ha inventado algo nuevo es porque aún le queda mucho por leer.

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