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Cara Be: Un bar bajo la arena o el amor al teatro toma la sala pequeña del María Guerrero

¿Cuáles son esas cinco palabras que nos han hecho felices tantas veces? Os las revelo al final...


Arriba se representa El público de Federico García Lorca y Lluís Pasqual, y los lugareños del extinto bar del Mari Guerri se descalzan y vacían sus zapatos de aquella arena azulada que llenó el teatro y la imaginación de los privilegiados espectadores que tuvieron el honor de presenciar este hito del teatro español. Blas, el camarero, les recibe a todos con la sonrisa característica de "los camareros buenos del mundo". Allí están todos, incluido el autor, José Ramón Fernández, a quien solo se le puede decir que qué proeza, que a sus pies, que qué más después de tanto amor; y él puede que se resigne a mirarnos directamente a los ojos y pida tan solo, en silencio, un abrazo.

Ernesto Caballero firma una dirección orquestada por el texto y los intérpretes que engrandece un espacio tan minúsculo como la Sala de la Princesa, y la imbuye en un tiempo propio —escribo este segundo párrafo y no puedo evitar referirme de nuevo a la mejor cuña jamás oída antes en un teatro— y José María, ese patán tan real que todos los teatreros queremos y desdeñamos por igual, nos brinda su memoria resguardada en una bolsa de plástico de supermercado llena de programas de mano minuciosamente guardados en fundas transparentes. Él es Pepe Viyuela, pero Viyuela es también Buster Keaton —y se nota tanto que actor y personaje se adoran, se aman—, es Adolfo Marsillach y es Max Estrella en una escena de Luces de bohemia que deja sin aliento y nos arroja de lleno, arropados en vértigo, hacia el viaducto de Segovia donde Eduardo Llopis, sobre una escalera corta de tres peldaños, se precipitará al vacío en el único lugar verdadero de Madrid. Nos recoge de la caída la luz de los ojos encendidos de Viyuela, que son todo vida en este escenario.

Viyuela encabeza un reparto encomiable que no cesa de multiplicarse. Ellos son trece pero también los cerca de más de sesenta que interpretan, y los que se han quedado a la orilla de la escena, que seguro no en el tintero y en las notas de Fernández. Ahí están juntos de la mano, los ficticios y los reales: Núria Espert, Marisa Paredes y María Asquerino; Ofelia, Doña Rosita y Práxedes; José María Rodero, Mario Gas y Josep Maria Benet i Jornet; Hamlet, Goya y un señor de Murcia. Existe otro elegido en este viaje nuestro, Julián Ortega, quien es al tiempo José Pedro Carrión y Fuso Negro; es él quien nos descubre la oscuridad del sueño mientras baila con la esencia del teatro bajo el cuero.

Al equipo artístico y técnico al completo de esta función, tan solo agradecerles tanto y desearles lo mejor. A vosotros, simplemente deciros que no os lo perdáis. El resto depende de vosotros. En serio, algo muy grande está pasando en la sala pequeña del María Guerrero.

Ah, me olvidaba... ¡"La función va a comenzar"!

Visto en el Centro Dramático Nacional (Madrid) el miércoles 3 de octubre de 2018
Más información en la página del teatro

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