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Cara Be: Vientos que nos barrerán o la libertad de nuestros seres queridos

¿Hasta qué punto son libres nuestros seres queridos? La dramaturga Cristina Redondo nos interroga en la sala pequeña del Teatro Fernán Gómez con este tour de force escénico que no dejará indiferente por su calidad interpretativa y la proximidad con el público. 



Los púgiles en esta contienda familiar titulada Vientos que nos barrerán son, nada más y nada menos, que la libertad y el dolor. La libertad la encarna Maiken Beitia y recibe el nombre en escena de Julia, una madre que siempre ha soñado a través de los sueños de otros. Julia es dinámica, llena de energía y también diría que de vida, aunque, como sabemos unos cuantos, a veces la vida nos llene para pesarnos más que a los demás. En cualquier caso, Beitia nos sumerge con su sonrisa y su luz propias por los sueños de esta ama de casa que parece que al fin ha logrado volar, pero ¿hacia adónde?

Así pues, Alfonso Torregrosa encarna al dolor y es su tormento el que logra encapotar el interior de ese comedor familiar devastado por la pérdida como un huracán que girase a cámara lenta. Arrebatador Torregrosa, por lo tanto, encarnando a ese padre que no comprende el abandono e inicia una partitura en clave de dolor que lo zangoloteará por los tempos de la desesperación, desde el larghissimo propio de la soledad, echado bajo la mesa de la cocina, sobre el frío suelo de baldosas que tanto recuerda a la piscina que recorriera a nado su hija desaparecida, hasta un prestissimo glorioso, qué digo, un allegro prestissimo con fuoco y muchísimo alcohol en una escena sin parangón donde el hombre, totalmente ebrio y con las esperanzas aniquiladas prendidas en ambos puños, destroza el recuerdo de la mujer que le ha traicionado en una batalla encarnizada contra los fantasmas. Ya escribí sobre Torregrosa en Último tren a Treblinka, que sigue de gira y donde repite periplo teatral con Beitia, y mantengo aquellas palabras de antaño. Creo que ya es hora que este actor se lleve un Max en reconocimiento a su carrera y Vientos que nos barrerán le proporciona un trampolín idóneo para este cometido.

Completa el elenco Andrea Trepat, una joven actriz que recorre con soltura escenarios independientes y no tan independientes. Ella interpreta a Tita, una hija alejada del cariño y los abrazos de sus padres, a quienes tanto les tiene que recriminar y tan poco que agradecer, y que ahora debe soportar sus embates con estoicidad y aplomo. La dirección a cargo de Laura Ortega abriga esta texto muy cinematográfico y lo devuelve al redil de la escena gracias a la imaginación y el buen hacer de su directora, al tiempo que sabe apoyarse grácilmente en los tres actores y aprovecharles al máximo en esta interpretación a tres bandas: las propias de la sala y también las del triángulo enfrentado en esta historia.

Recomiendo esta obra a un público que busque un teatro honesto, realizado con mucho cariño, entrega y un pellizco de querer cambiar el mundo, sabéis a qué me refiero, esa materia tan delicada y peligrosa a la vez, que como te pases un poco en la cantidad te agría el conjunto con su hálito pretencioso, pero si la dosificarla convenientemente consigues centellas en las miradas de los espectadores. Este último es el caso de Vientos que nos barrerán, donde las sensibilidades de los miembros de la compañía Spectare se aúnan para mostrarnos una vida encerrada entre cuatro paredes que un buen día aprende a latir y hace estallar las ventanas de la cocina.

Visto en el Teatro Fernán Gómez (Madrid) el martes 23 de octubre de 2018
Más información en la página del teatro

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